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De ciudad ahogada a salvada

La solución a la tragedia de toda una vida

Aunque algunos los veían como un espectáculo exótico que producían las lluvias torrenciales, la verdad es que los arroyos de Barranquilla trajeron consigo noticias tenebrosas y, peor aún, arrebataron muchas vidas. Los barranquilleros crecieron convencidos de que los arroyos no tenían solución. Se decía que el nivel de la ciudad estaba por debajo del río y los estudios responsabilizaban a la falta de planeación en la urbanización. Barranquilla parecía condenada a permanecer ahogada.

Los arroyos incomunicaron y dividieron la ciudad. En el sur se desbordan y entran a las viviendas, cual ladrones, y arrebatan sus enseres y pocas
propiedades a los que menos tienen. La batalla contra los arroyos se inició en estos sectores y a la fecha se han canalizado más de 50 km a cielo abierto. Por otro lado, los arroyos más visibles, los que registran los medios y se viralizan en redes sociales, son los 14 que atraviesan las vías más importantes, desarrollando velocidades entre 30 y 100 m3 por segundo.

Esto obligó a crear la única señal de tránsito en el mundo que advierte la cercanía de un arroyo peligroso. En 1947, El Heraldo registró los que parecieron ser los primeros ahogados. Más de un centenar de personas perdieron su vida en las raudas e inesperadas corrientes. “Para resolver el problema de los arroyos hay que mudar a Barranquilla de sitio”, sentenció el ministro de Obras Públicas, Luis Fernando Jaramillo, en 1987. Parecía que el destino de la ciudad era estar condenada a los arroyos, pero no era tal.

Los cálculos indicaban que se necesitaba casi un billón de pesos para solucionar el problema. No solo se ha puesto a prueba la capacidad de los ingenieros, sino también la del equipo financiero del Distrito. Si cada año se destinaba un presupuesto en limpieza de caños y pequeñas obras, ¿por qué no reunir y acometer una gran inversión? La financiación vino de un porcentaje del impuesto predial que se entregaba a la CRA y de las autorizaciones del Concejo. Hoy se puede decir que Barranquilla pasó de estar ahogada a estar salvada.

A pesar de que se calcula que llueve 77 días al año, en casi 30 de estos se exceden los 20 mm de precipitación y cuando eso sucede Barranquilla se paraliza. ¿Cómo pensar en una ciudad competitiva y atractiva para la inversión de capitales nacionales y extranjeros, si los arroyos detenían la dinámica de la urbe y su productividad durante casi un mes al año? Las pérdidas eran incalculables. No había opción, los que tenían que desaparecer eran los arroyos y no el futuro.