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Alejandro Char mejoró las finanzas y la imagen de Barranquilla

En 20 meses se convirtió en el alcalde más popular del país. Lea un informe completo y una entrevista.

Cuando Alejandro Char dijo que quería ser alcalde de Barranquilla, muchos pensaron que era un capricho más de niño rico, porque pertenece a una de las familias más influyentes de la Costa Caribe y es dueño de una exitosa empresa de construcción. De 43 años, hijo del ex senador y ex embajador en Portugal Fuad Char, y de Adela Chaljub (q.e.p.d.), una de las mujeres más queridas por los barranquilleros, se graduó de ingeniero civil e hizo estudios de Alta Gerencia en la Universidad de los Andes y en el Instituto de Tecnología de Georgia, Estados Unidos. A la Alcaldía se lanzó con la camiseta de Cambio Radical y durante la campaña sus opositores lo descalificaban con expresiones como «no sale de los clubes» o «nunca le ha dado la mano a un pobre», y cuando recibió el apoyo del ex senador José Name Terán, uno de los más cuestionados caciques políticos del Atlántico, sus enemigos no lo bajaron de «pícaro y ladrón de cuello blanco». Aun así, Char ganó con 221.625 votos y superó por más de 177.000 a Máximo Noriega y a Édgar Perea, sus rivales inmediatos, y hoy asegura que Name está al margen de la Administración.

Llegó a la Alcaldía en medio de una crisis generalizada producto del desgreño administrativo, la corrupción, la desconfianza de los ciudadanos y un enorme déficit fiscal. «Apareció en un momento en que la gente pensaba: ‘O nos hundimos o le apostamos a este y nos salvamos’ -dice el analista político Carlos Romero-. Pero al principio no estaba muy convencida con Char».

Al comienzo de la Administración, el Alcalde registraba el 65 por ciento de aceptación en las encuestas, 30 días después había subido seis puntos porcentuales y a los seis meses superaba la barrera del 80 por ciento, índice totalmente atípico para un mandatario barranquillero. El más reciente Gallup-Poll (julio 2009) lo muestra como el alcalde con los más altos índices de popularidad (80 por ciento), por encima de los mandatarios de Cali (69 por ciento), Medellín (55 por ciento) y Bogotá, que registra el más bajo, con 23 por ciento. Además, Char fue el único de los cuatro alcaldes mencionados cuyo índice de aprobación de gestión subió: seis puntos porcentuales entre marzo y junio. «La populaidad de Char viene desde la campaña -explica Jorge Londoño, director de la firma encuestadora Invamer Gallup-. En las clases altas lo ven como un luchador contra la corrupción y en las bajas gustan sus proyectos urbanos de obras públicas».

Pero ¿cuál es el secreto de Char para mantener tan altos índices de popularidad en una ciudad donde los tres alcaldes anteriores -Guillermo Hoenigsberg, Humberto Caiaffa y Bernardo Hoyos- marcaron un récord de desprestigio? ¿Qué ha hecho para que el 70 por ciento de los barranquilleros piense hoy que la ciudad va bien, cuando hace dos años creía que estaba al borde del abismo?

CAMBIO estuvo en Barranquilla y entrevistó a empresarios, sindicalistas, analistas, representantes de ONG y gente en las calles, y la mayoría coincidió en que, aunque la ciudad aún está lejos de ser la urbe espléndida que alguna vez fue y que le mereció el título de «Puerta de Oro de Colombia», se perciben cambios que indican que las cosas van por buen camino. «Es indudable que la ciudad respira un nuevo ambiente y una recuperación de la institucionalidad -dice Luis Castro, presidente de la Cámara de Comercio de Barranquilla-. Hay más optimismo, más trabajo articulado y la ciudad empieza a despertarse de ese letargo en el que andaba».

Char encontró las cuentas de la Alcaldía patas arriba. Nadie sabía ni el monto de las acreencias ni el número y la identidad de los acreedores. La ciudad estaba en Ley 550 o de intervención económica: las deudas superaban los 300.000 millones de pesos. Pero, además, 504 procesos ejecutivos con embargos directos, más de 3.100 acciones judiciales -cobros coactivos, acciones populares y contractuales, entre otros-, el crédito cerrado y, para rematar, las entidades descentralizadas tenían compromisos adquiridos por 200.000 millones de pesos. «La olla estaba raspada -dice la secretaria de Hacienda Elsa Noguera-. Teníamos 500.000 millones de pesos en obligaciones y nos tocó desarrollar un plan de choque inmediato porque de lo contrario el municipio iba a colapsar».

Primeros pasos

Para poner la casa en orden había que empezar por organizar las cuentas, reestructurar las deudas y negociar los acuerdos de pago, y a eso se dedicó la Administración. Luego le metió muela a la nómina y a los gastos de funcionamiento y, contra todos los pronósticos porque muchos creían que iba a ser un «alcalde amiguero», Char puso en marcha un plan de eficiencia administrativa mediante el cual profesionalizó la planta de cargos, disminuyó 48 por ciento la nómina -de 2.037 a 1.053 empleados- y de las 17 entidades descentralizadas creadas por sus antecesores para evadir la Ley 550, ordenó liquidar 11, reestructurar una y salvar cinco porque podrían generar recursos propios.

La reestructuración administrativa permitió ahorros superiores de 24.000 millones de pesos anuales en nómina. «A Char hay que reconocerle que ha tenido mano de hierro para gobernar -dice el analista político Gonzalo Rincón-. Sin duda, ha actuado más con carácter técnico que político».

Más plata

Con las cuentas claras, el paso siguiente fue aumentar los ingresos tanto por recaudo de impuestos como los de destinación específica -los que gira la Nación por orden constitucional o son producto de acuerdos por concesiones-, y para esto reformó el estatuto tributario, amplió la base de contribuyentes y metió en cintura a los grandes evasores. Además, con el cumplimiento de obligaciones, buscó más recursos de la Nación y renegoció multimillonarias concesiones entregadas al sector privado en detrimento de las arcas públicas. De las 19 concesiones existentes -la Triple A, la malla vial y el alumbrado público, entre otras-, 12 están en estudio y tres ya tienen actos administrativos de terminación unilateral, como la cuestionada Métodos y Sistemas, encargada de recaudar los impuestos. «No nos va a temblar la mano para cancelar los contratos nefastos para la ciudad -asegura la secretaria Noguera-. No podemos permitir que por el lucro de unos pocos termine perjudicada la mayoría de los barranquilleros».

Los cambios empiezan a notarse. Los ingresos pasaron de 660.503 millones en 2007 a 844.481 millones el año pasado, 27 por ciento más de lo que tradicionalmente recibía el Distrito. Y, además, por primera vez en una década la inversión fue superior a los gastos administrativos: mientras la primera pasó del 20 al 60 por ciento, los segundos se redujeron del 70 al 35 por ciento. «El secreto de Char está en su buena administración -dice el analista Carlos Pérez-. No hay que olvidar que viene de la empresa privada y que su experiencia es gerencial».

Con recursos frescos para inversión por más de 21.500 millones de pesos, Char dio prioridad a las obras de infraestructura y de dotación social: reparcheo de calles, canalización de arroyos y ‘Barrios a la Obra’, un plan de autoconstrucción para pavimentar las calles de las zonas populares. «Las calles polvorientas ya son historia -dice Jorge Acosta, del barrio El Bosque, uno de los más pobres de la ciudad-. Para nosotros el pavimento ha sido lo mejor que nos ha pasado».

Char también le apuntó a la modernización de la red pública de salud: reformó cinco de los llamados PASO -Puntos de Atención en Salud Oportuna- y la meta es adecuar 40. «Para este proyecto hicimos una alianza con la IPS estatal Caprecom -explica el secretario de Salud Luis Moscoso-. La salud está mejorando en la ciudad y de 6.000 consultas externas por mes hoy llegamos a 21.000».

Por otra parte, logró que llegara inversión extranjera: hay más de 70 grandes proyectos industriales, y el desempleo pasó del 15 al 11 por ciento, uno de los más bajos del país.

Confianza

Char ha logrado recuperar la confianza de los barranquilleros en sus gobernantes porque organizó la Administración y está atacando de frente la corrupción. Además, porque prácticamente trasladó su oficina a la calle y pasó de la corbata a los jeans para acercarse a la gente y escuchar sus reclamos. «No hay fin de semana que no esté en los barrios, entre la gente -dice Ricardo Villa, uno de sus asesores-.

Esa cercanía lo ha hecho ver como un ciudadano más y no como un mandatario de escritorio».

Barranquilla, no cabe duda, está en proceso de franca recuperación. Sin embargo, no todo es color de rosa en la Administración de Char. Recientemente Enrique Berrío, uno de los más cercanos colaboradores del Alcalde, se vio en la obligación de renunciar a la Secretaría de Movilidad por un escándalo de corrupción, que hoy investigan las autoridades.

Por otra parte, decenas de hospitales públicos están quebrados; las instalaciones del 60 por ciento de los colegios son insuficientes para el cumplimiento de las labores académicas y los niveles de deserción escolar son muy altos, lo mismo que los de desnutrición infantil; las tasas de criminalidad son aún elevadas y los programas para recuperar el espacio público avanzan a paso de tortuga.

No obstante los problemas que aún subsisten, es evidente que en 20 meses de gestión, Alejandro Char ha hecho más que sus antecesores juntos. Su administración ha generado confianza en el Gobierno Nacional, los acreedores, la banca y… la gente. Y si bien falta mucho por hacer en Barranquilla, su alcalde ha empezado a sacarla del marasmo y la postración causados por años de saqueo, politiquería y corrupción.

Vía El Tiempo

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